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miércoles, 30 de mayo de 2012


                                                 MÚSICA Y MAGIA

                 Tu alma se vuelve mágica
                 y se  corporiza con tu música
                 que vuela
                 sin prisa
                 de rama en rama
                 de flor en flor
      Hace temblar cuerpos
                 con fuerzas
                 que queman como fuego.
                 Sonidos que traspasan horizontes
                 y se prenden en los hombres
                 pájaros sin jaula.
                 Haces vibrar el universo
                 Y tu música así
                 viaja al infinito
                 salpicando de alegría
                 tus ansias de libertad.


domingo, 13 de mayo de 2012

DINERO SUCIO


                                                           DINERO SUCIO

                Ensimismada en sus pensamientos, Mae descansa en un bosque de hayas, que filtra los rayos de un sol abrasador. Necesitaba este relax imperiosamente.  Tendida en el pastizal reseco, disfruta de su privilegiada inteligencia que la llevó a la cima del poder de un espacio reservado para hombres. Hasta ahora todo salió como puntillosamente lo había planeado. Se incorporó, acomodó su cabello en un espeso rodete, se desperezó con ganas recogió su bolso y encendió un cigarrillo. Comenzó a caminar cuando  escuchó el estridente ulular de las sirenas. Mantuvo su postura aguerrida palpando la pistola entre sus ropas.
                Mientras esto sucedía en Madrid, a casi diez mil kilómetros, en una pequeña aldea colombiana, en un salón aguantadero del submundo de los negocios ilícitos y juegos clandestinos de la zona;  Jordán, alto, musculoso, con una serpiente verde tatuada en el antebrazo derecho, le preguntó en un hilo de voz: -“¿sabes dónde está el paquete?”- al flaco sin dientes y frondosos rulos que atendía acodado en la barra pegajosa del tugurio.
                -Creó que voló”… le dijo. Y siguió en lo suyo indiferente.
                Jordán visiblemente contrariado dio media vuelta y salió apresurado. La noche cálida y oscura lo acompañó por las callejuelas desiertas, calle arriba brillaba el farol de la plaza. Llegó jadeante y sudoroso. Tenía miedo. Encendió un cigarro y vociferó en silencio –Lo hiciste otra vez, maldita seas Mae! Se sentía condenado, la organización no perdona. Tuvo ganas de correr sin parar y regresar a su vida tranquila en la que solo tenía sobresaltos económicos. Pero eso era imposible,  estaba atrapado en una red de la que nunca podría zafar. Su vida dependía de Mae.
                Pero el sol ya no pasa por las rendijas del bosque,  las luces de los faros convierten el lugar en un laberinto de luces en todas direcciones. El cuerpo de Mae descansa ahora en un pastizal mojado con sangre. 
                                                       

NOCHE DE TERROR


                                                         NOCHE DE TERROR

Amancio, el último cacique de la etnia wichi, está sentado a unos metros de su rancho de paja y barro, en la inmensidad del impenetrable.  Jamás pensó, que por el cielo azul de mayo poblado de estrellas, que identificaba una a una, lo enceguecería una luz desconocida y el cosmos lo tragaría en un instante.      Cuando apareció en ese nuevo mundo, todo era negro salpicado de agujeros brillantes con destellos naranjas. Se hallaba aterrorizado. Sus ojos se entrecerraban y cuando lograba abrirlos parecían piedras duras, tomó conciencia que había sido absorbido del mundo material. No le cabía la menor duda que  había sido capturado del  reino de la luz  y se encontraba en las fauces  de un planeta que se lo había apropiado.         El milagro del regreso al hogar, no se vislumbraba.  Sonríó y sus ojos se ablandaron…  su destino es retomar este camino, su verdadero hogar más allá de las estrellas.

EL RELOJ


                                                                   EL RELOJ
                A media mañana, leyendo el diario en el banco de la plaza, mi compañero inseparable, con sus patas de hierro fundido, me sentí observado.  Al instante se acomodó torpemente a mi lado un niño de ojos brillantes, que con un gesto presuntuoso y feliz, me mostró un reloj dibujado con tinta negra.
-¡Es hermoso! le dije. ¿Podrías prestármelo?
-No,  porque es mágico- me contestó y rápidamente escondió su brazo por detrás a la altura de la cintura.
Respiré profundo, anhelo  la soledad, para ver y escuchar los pájaros, pero hoy me daré una tregua, mi  confidente el viejo banco es testigo de toda mi  vida, y lo será ahora:
                -¡Oh, que coincidencia! Pues yo soy mago, le respondí.
                El niño se paró como un resorte con los ojos como platos y me miró incrédulo.
                Reí con ganas, lo palmee en el hombro y lo invité a sentarse, al tiempo que me arremangaba y dejé al descubierto un lustroso reloj dibujado con tinta negra.
                Traté de alcanzarlo cruzando por los floridos canteros, esquivando palomas, pero fue inútil. Huyó despavorido.

miércoles, 11 de abril de 2012

EXTRAÑA AUSENCIA

                    

         El sol que se niega a esconderse, transfigura el horizonte en una multitud de colores inexplicables. Este atardecer no es como cualquier otro en mi  vida. Después de mucho tiempo, en el parque del hotel,  la fragancia de la retama amarilla  ¡que nunca será genista!  me  hizo invisible acurrucada a sus pies. Ni siquiera me importa ensuciar con pasto fresco el trasero de mi pantalón blanco.
         En la subida, donde terminaba la calle de tierra que daba a un barranco, la última de la izquierda era mi casa. El olivo inmenso con su generosa sombra, cobijó tardes interminables con mi barra de amigos. Un sendero de piedras lo separaba de la reina del jardín, la retama, inmensa, con brillantes hojas amarillas que perfumaban el aire sin pedir permiso. Mis ojos brillaban como la retama en primavera. Era feliz armando alrededor de ella la escenografía de mis juegos, y mis sentidos estimulados, exageraban objetos, olores, colores y formas.
         De visita la abuela Francisca exclamaba: ¡que bella la genista!...
         Provocando mi enojo: ¡es una retama amarilla Abu!
         Francisca sonreía… a la genista de su Andalucía natal, nunca le diría retama amarilla.



                                                                        

VIVENCIAS

                                   

         Tal vez no lo creas, pero aún soy aquella niña, con escasos cinco años, sentada en la explanada de tierra de la pintoresca casita, en la cuesta de la adormilada callejuela en Salta.     El olor a pasto recién cortado y las acacias con sus flores imitando al sol eran los atributos del paisaje.      
La paz y la libertad que respiraba en esos tiempos, quedaron almacenadas en cientos de imágenes que apretujan el corazón. Una sensación te puede acompañar para siempre.      Los sentidos trabajan incesantemente para lograrlo. Solo eso. 
El aroma en la cocina de la casa de mis padres. El ruido incesante de fierros y olor a grasa del taller de mi viejo. El olor a jazmines en el comedor, a pan tostado, a café con leche. El olor a alcanfor. A naftalina. El olor a tiza en el aula. El perfume de la maestra. El olor a incienso en la iglesia. El desagradable y penetrante olor a flores en los velatorios. El olor a sangre en los partos, el perfume y la suave caricia de mis bebés, el old spice de mi marido. El gusto a lágrimas en los nacimientos, por alegrías, por pérdidas, por tristezas.   Los innumerables paisajes como pinturas grabadas en mi mente.
         Los sentidos me ayudan a viajar en el tiempo, entonces no encuentro, a pesar de las arrugas, la diferencia entre aquella niña y la mujer de hoy.

SIN ATADURAS

                                                             

                Abro la puerta y el olor a humedad me traspasa. Los rayos de luz  a través de la celosía, dibujan la multitud de libros diseminados en el imponente escritorio. Hay hojas amarillentas escritas a mano presas de un pisa papel  pesado y antiguo. Sobre la silla de respaldo mullido, descansan unos gruesos anteojos de carey.
                El desorden está prolijamente vigilado por sus profundos ojos azules desde el elegante portarretrato de cuero.  Por vez primera, desde hace treinta años, alzo los anteojos con sumo cuidado los coloco junto a la foto de Luis y me siento en la silla victoriana. Lo miro por un instante cara a cara. No me dejo intimidar por su acerada mirada y lo tomo con energía.  Me levanto decidida.
                En un arrebato de mi yo descubierto, abro la ventana y el sol tímido hace un instante, inunda todo con su luz y calor. Mi corazón agitado intenta salir de mi pecho como un barrilete en vuelo fantasmal.  Ese vuelo acompaña con su furia la sonrisa de Luis lanzada al infinito.